Ondina Pilca

1 de noviembre de 2017

Con un pié aquí y otro allá

Movidos por múltiples circunstancias, muchos hemos emigrado de nuestros países de origen. Tal vez las circunstancias políticas, económicas y sociales, entre otras, nos hicieron tomar la decisión.
También hay quienes inconscientemente, tomaron ese difícil paso, huyendo de algo o de alguien, aunque en el fondo uno huye es de sí mismo.
Al principio el plan nos motiva: los preparativos, el imaginar que comenzaremos una nueva vida, creer que nos sentiremos mejor, que lograremos nuestras metas y objetivos o tendremos calidad de vida, etc.
Nos llenamos de expectativas. Eso es humano y además inevitable.


Sin embargo, la falta de criterio de realidad, nos puede jugar una mala pasada.
Luego, al llegar a nuestro destino, el descubrimiento, la sorpresa, lo nuevo y sobre todo lo que hay que hacer para instalarse como buscar un empleo, un lugar donde dormir, conocer las rutas, la moneda, etc. nos mantienen aún muy distraídos de lo que es verdaderamente un proceso de adaptación.
Si no estamos conscientes de todo lo que requiere internamente una proceso de cambio tan importante como es el de emigrar, pronto el cuerpo comenzará a gritarnos los resultados de una emocionalidad reprimida y atrapada.
Emigrar es un cambio importante, que no puede tomarse a la ligera, debería ser una decisión muy consciente y apartada de toda expectativa, ya que al final lo que esperamos que suceda, puede o no cumplirse puesto que en la vida no hay SEGURIDADES ni CERTEZAS, vayas a donde vayas.
En mi experiencia particular, y a pesar de que emigré en unas condiciones si se quiere bastante favorables, como llegar a un hogar, casarme, encontrar un empleo que no se aleja mucho de mi pasión que es la psicoterapia, el coaching, la facilitación de procesos de aprendizaje, talleres y consultas, contar con una familia, gente que me orientó y me apoyó en todas las etapas, buenos vecinos, entre muchos beneficios que la Divinidad puso en mi camino, tuve que bregar y aún lo hago, con el tema de los apegos, el extrañar, querer tener lo mismo que tenía en mi país, la resistencia a adaptarme a un horario, un clima y una forma de ser de la gente totalmente distinta a la de mi tierra natal.
Es inevitable de vez en cuando tocar la nostalgia, el que te haga falta el calor tropical, mis familiares más cercanos, los amigos, los abrazos y la cercanía de la bella gente de mi tierra. Cerrar los ojos e imaginar los lugares por donde solía transitar en mi país, y sentir mi corazón palpitar. Eso sin contar con la pérdida de seres queridos, que a la distancia y sin asistencia emocional y psicológica, pueden terminar en una gran depresión, pero que forman parte de la decisión que responsablemente yo tomé.
He observado a personas, lamentablemente tan equivocadas, queriendo que el sistema se adapte a ellos, cuando es al contrario. Adoptando actitudes que para nada le favorecen, como la soberbia, el creerse la tapa del frasco, querer implementar las mismas "trampas" que tal vez en su país de origen le funcionaban, la malcriadez y la inmadurez reinan entre los que buscan un "mejor" futuro en otras tierras, la burla a la forma de hablar y las costumbres entre otras. Y allí te das cuenta porqué estamos como estamos. Lo que fuiste en tu país, lo serás a donde vayas, sino tomas consciencia de que tal vez, el o la que tiene que cambiar eres tú.
Personas muy descontroladas emocionalmente, que no están conscientes del origen de sus decisiones impulsivas y que en realidad el proceso de cambio les pasó por encima, en lugar de ellos vivir el proceso.
Pero en fin, en algún momento nos bajamos de la nube e inevitablemente la tristeza nos visita y hacemos contacto con los ciclos no cerrados, lo que nos trajimos en las maletas que no son precisamente ropa, zapatos y objetos.
Las tareas pendientes aparecerán a donde vayas. Encontrarse con uno mismo es inevitable, así nos cambiemos de planeta.
Lo que si es importante, es que no podemos vivir con "un pie aquí y otro allá". Eso no hay emocionalidad ni cuerpo que lo resista.
Pronto estaré anunciando unas actividades dirigidas a trabajar este tema.
Mientras tanto te aliento a tomar consciencia de la decisión que tomaste o pretendes tomar. Sobre todo, desde dónde la estas tomando y aunque hay muchas ganancias, también hay muchas cosas que dolorosamente tendremos que perder. y la gran pregunta es. ¿Estoy dispuesta(o) a asumirlo, aún cuando sea a un precio tan alto?
Nos volveremos a encontrar!
Un gran abrazo!

Ondina Patricia Pilca
Psicoterapeuta/lifecoach
www.ondinapilca.com

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