Ondina Pilca

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28 de enero de 2019

¿Cuánto de xenofobia hay dentro de nosotros?

En las pasadas semanas y a raíz de una serie de acontecimientos, que yo califico entre duros, injustos, crueles e impactantes, y a los que ciertamente hay que poner mucha atención y solucionarnos en la medida de lo posible con cada país involucrado, no puedo dejar de expresar mi mirada como terapeuta y coach de vida: recordemos siempre que lo que es adentro es afuera. Y como dice mi lema, el cambio se gesta de lo individual a lo colectivo. Entonces algo de xenofobia, debemos tener cada uno de nosotros dentro, cuando se está revelando afuera de una manera tan contundente.

Pasemos entonces a definirla:

Como xenofobia se denomina el rechazo, el odio o la hostilidad hacia los extranjeros o hacia las cosas extranjeras.


La xenofobia según la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU)


Este ente supone todo tipo de distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en motivos de raza, color, linaje u origen nacional o étnico que tenga por objeto o por resultado anular o menoscabar el reconocimiento, goce o ejercicio, en condiciones de igualdad, de los derechos humanos y libertades fundamentales en las esferas política, económica, social, cultural o en cualquier otra esfera de la vida pública.

La xenofobia, por lo general, se manifiesta a través de acciones discriminatorias o expresiones abiertamente hostiles y deliberadas de odio hacia los extranjeros.

Las actitudes de intolerancia y aversión xenófobas hacia quienes vienen de otros países o de culturas diferentes, pueden provocar reacciones diversas entre los xenófobos, que van desde la indiferencia, la falta de empatía y el rechazo manifiesto, hasta el desprecio, las amenazas y las agresiones físicas y asesinatos. De allí que, en muchos países, la xenofobia sea considerada, incluso, un delito.

Ahora bien, ¿podríamos preguntarnos si es que en algún momento hemos tratado a alguno de nuestros hermanos, en el mismo país, no siendo extranjeros, pero tratándolos como tal?

O tal vez hemos sido indiferentes, nada empáticos, hemos rechazado con desprecio al que no piensa igual, a aquel que no nos ayudó como esperábamos, al que nos respondió con su propio criterio y nos dijo justamente lo que no queríamos escuchar. ¿Cuántas de estas agresiones hemos aplicado en nuestras propias casas, con nuestros propios hijos, con empleados, amigos, sin necesidad de que sean extranjeros?

Muchas veces a esas personas a quienes tratamos así, son extranjeros en nuestros corazones, porque a veces vivimos de acuerdo a nuestros propios intereses, a lo que queremos ver materializados, importándonos muy poco lo que pase con el otro, el sufrimiento que le estamos generando: emocional, espiritual, mental, etc.

¿Cuántos empresarios tratando como extranjeros a sus empleados, con una xenofobia oculta bajo una fachada de buenos empleadores?

¿Cuánta hostilidad, intolerancia y violencia, vemos a diario en las noticias en casas, colegios, empresas, entre otros?


Si lo de adentro se manifiesta afuera, es lógico pensar que tanta violencia e injusticia que vemos fuera, se corresponde directamente con un sentir colectivo no identificado, en donde cada quien va por su propio camino, sin importarle mucho el que esté a su lado, ni le da importancia a lo que siente, lo que piensa, lo que quiere.

Tomemos pues un instante para reflexionar, sobre esa parte xenofóbica dentro de nosotros y como la aplicamos diariamente con nuestros semejantes.

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